Hacía mucho que no retomaba el blog de mi abuela, sin duda que estoy en deuda de actualizarlo, pero razones de fuerza mayor -algunos lo saben otros no- me habían impedido hacerlo.

Ahora mi amigo y buen escritor Ariel Dorfman me ha dado un buen motivo para hacerlo.
Reproduzco su artículo que publicó en El País hoy 1 de octubre de 2009.

ARIEL DORFMAN

ARIEL DORFMAN

El escritor chileno glosa la vida de la viuda de Salvador Allende
Por Ariel Dorfman, publicado en el diario El País. 1 de Octubre de 2009.

La primera vez que vi a Tencha Bussi de Allende -la primera vez de veras, de veras la vi, verdaderamente comprendí quién era ella- fue en Roma, un día incierto de marzo de 1974. Por cierto, que mis ojos la habían divisado antes, en múltiples ocasiones: en su casa en Santiago, ya que era amigo de juventud de sus hijas Isabel y Taty; en la Moneda, cuando trabajaba yo con Allende y ella llevaba a cabo las funciones oficiales de primera dama; y durante las marchas y los mítines y las luchas de la revolución chilena. Pero esa era otra Tencha, la de Chile en democracia, la de un Chile pacífico, la de un Chile donde su marido estaba vivo y su país avanzaba hacia la justicia y la libertad.

La Tencha que conocí en Roma, en el Tribunal Russell que había organizado Lelio Basso seis meses después del golpe de septiembre de 1973, era una persona enteramente diferente. El dolor y la pérdida, lejos de haberla destruido, la habían agigantado. No sé en qué momento ocurrió la transformación. Tal vez fue el instante en que tuvo que enterrar a su esposo sin que la dejaran ver su rostro. Tal vez fue el instante en que se subió a un avión enviado por el presidente de México, partiendo a un exilio del que no volvería en muchos años y juró que no retornaría derrotada. Tal vez fue cuando se dio cuenta de que, ante la ausencia de Allende, era ella la que encarnaría para tantos la esperanza de un Chile ultrajado por Pinochet, era ella la que iba a tener que constituirse en el sitio de la unidad de la dispersa resistencia chilena, era ella la que iba a tener que representar ante el mundo un pueblo violado.

Estaba por cumplir ella los sesenta y se le podría haber perdonado que quisiera dedicar las próximas décadas de su existencia a los nietos, que optara por alguna tranquilidad ante tanta muerte y tanta noticia trágica y tanta vesania. Pero digamos las cosas como son, como fueron: el país se encontraba huérfano, el país estaba de duelo, el país podía desaparecer como si fuera un secuestrado en la noche. Y ella no lo iba a permitir.
Habló esa tarde en Roma con una voz que casi no reconocí. No era tan solo la sencillez, el pragmatismo, la clarividencia. Era sobre todo su enorme dignidad la que me llamo la atención, la certeza de que adentro de su garganta y desde adentro de sus labios eran millones los que hablaban, como serían millones quienes la escucharían.

Nos hicimos amigos. Me atrevo a decir que nos hicimos amigos. La volví a ver y a trabajar con ella en Ciudad de México, en París, en Ámsterdam, en Londres, una y otra vez, y nunca la vi cejar, y nunca la vi vacilar, y nunca la vi olvidar, y nunca la vi dejar de buscar la justicia para los más necesitados, y finalmente llegó ese día en 1988, cuando pudimos darle la bienvenida a un Chile donde se llevaba a cabo el plebiscito y ella retornó para integrarse a la campaña por el No a Pinochet que iba a terminar eventualmente con la dictadura, y de nuevo estaba la Tencha ahí, una y otra vez, en la lenta búsqueda de la democracia y llegó el día en que pudo ella, con el pueblo resurrecto, por fin enterrar a Salvador Allende, y ahí estaba Tencha cuando hacía falta una voz de cordura y hacía falta una voz de paciencia y hacia falta también una voz de absoluta convicción de que era posible un mundo diferente, siempre, siempre estaba nuestra Tencha durante estos años tan difíciles y complicados de nuestra transición eterna.

¿Con qué quedarme, entonces, de los múltiples recuerdos y sonrisas y epopeyas y lágrimas y viajes, con qué quedarme, ahora que me cuenta Julio Scherer desde México que Tencha ha fallecido? Con esto: cada vez que nos encontramos, lo primero que hacía Tencha -fuera cual fuera la ocasión, aunque el mundo se venía abajo y había que preparar un discurso o enfrentar alguna emergencia impostergable-, en cada oportunidad, lo primero que hacía era preguntarme por Angélica y mis hijos. No era tan sólo, creo yo, porque le importaba de veras, no sólo porque había visto a mi Rodrigo ir creciendo en cada visita a cada ciudad, no sólo porque estuvo con Angélica cuando mi mujer hizo huelga de hambre por los desaparecidos, no sólo porque Tencha conoció a nuestro pequeño Joaquín a los dos meses de haber nacido en una noche fría en el destierro de Holanda. Detrás de esa pregunta había, creo yo, algo más profundo.

Ella que había perdido a su esposo y su patria y hasta la paz de su vejez, estaba, creo yo, enviando un mensaje secreto, detrás de esa pregunta se me ocurre que me estaba contando, como se lo fue susurrando a todos los otros exiliados y todos los que sufrían y luchaban en Chile, nos estaba asegurando de que éramos todos una sola gran familia, es lo que quiero recordar ahora que se ha ido esa mujer prodigiosa, ella nos estaba contando que en este mundo desolado, tan lleno de distancias y pérdidas, siempre tendríamos a la Tencha, la madre y hermana y abuela de un Chile que no ha muerto.

Saludos

ALGARROBO 015

Gonzalo Meza Allende

tenchadeallende@gmail.com

http://www.tenchadeallende.wordpress.com

Published in: on 1 octubre 2009 at 4:04 pm  Comments (1)  

HORTENSIA BUSSI TAMBIÉN CONMEMORA EL 24 DE SEPTIEMBRE

Se acabó septiembre, mes que no pasa desapercibido en nuestro país. Nos trae motivo de fiesta y de luto aunque no nos ponemos de acuerdo en cuando celebrar qué.

Pero no muchos deben acordarse del 24 de septiembre como seguramente lo hace la señora Hortensia. En esa fecha hace 19 años empezaba un nuevo capítulo de su vida.  A quienes les interese conocer algunos hechos clave de su vida pública les envío la siguiente nota junto con un afectuoso saludo a nuestro“objeto de investigación”.

Se trata de  un pequeño resumen del trabajo investigativo “En búsqueda de Hortensia Bussi”.  Realizado por Christian Seymour y Daniel Vera el año 2005. 

Mercedes Hortensia Bussi Soto nació en Valparaíso el 22 de julio de 1914, tiempos de grandes guerras y cambios en el mundo.  En Chile el hecho más significativo era la organización de la clase obrera y media que aseguraría el triunfo de la  Unidad Popular décadas más tarde. “La Tencha” se vino a Santiago en su juventud y estudió pedagogía en historia, pero trabajó siempre como bibliotecaria. Se casó con Salvador Allende y lo acompañó desde la época en que era Ministro de Salud del Presidente Pedro Aguirre Cerda hasta su muerte como Presidente mártir en 1973.   

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Como Primera Dama se avocó a las labores sociales que tradicionalmente cumplen las esposas de los presidentes. Sus cercanos dicen que creció como personaje público después del golpe militar, mientras recorrió el mundo denunciando los atropellos de la Junta. 

Pocas veces se ha dicho que trataron de matarla pero que sobrevivió al bombardeo de la casa presidencial de Tomas Moro. “Entre cada uno de los ataques se desataba un tiroteo de locura. La residencia se convirtió en una masa de humo, de olor a pólvora, de destrucción”, declaró días después. 

Sacó fuerza de flaqueza cuando tuvo que enterrar a su marido y presidente de Chile en el más completo anonimato. No le dejaron ver el cuerpo y no hubo responso, pero no se doblegó. “Que todos los que están presentes sepan que aquí se ha enterrado al Presidente Constitucional de Chile” habría dicho antes de arrojar sobre el ataúd las flores que recién había recogido. 

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Salió exiliada a México prácticamente con lo puesto y asumió de inmediato como su misión el trabajo por reconquistar la democracia en Chile. Según el secretario general del PS de ese tiempo, Carlos Altamirano, “en el exterior presidió los cientos de actos de solidaridad con Chile que se organizaron en Italia, Francia, Inglaterra, España, donde ella siempre intervenía en forma muy certera”.  

Se convirtió en símbolo de la oposición chilena para la opinión pública mundial y la izquierda en el exilio. El socialista Jorge Arrate asegura que nadie la cuestionó, porque tenía la capacidad de mantenerse al margen de las peleas partidistas.“Si hubiera dicho algo contra los socialistas, los comunistas o el MIR, no hubiera podido representarnos a todos, cosa que sí pudo hacer durante 17 años”. 

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 En actividades en el exilio.

Fue respetada en el exterior, no sólo por ser la ex mujer de quien se había convertido en símbolo de la democracia, sino también por su propia valentía y sinceridad. Para Jaques Chonchol ex Ministro de Allende e impulsor de la Reforma Agraria, dice que: él mismo se sorprendía de su capacidad de plantear sus puntos de vista en cualquier escenario mundial y de la buena acogida que tenía entre los líderes de los países más poderosos del mundo. “Francois Mitterrand tenía una deferencia especial con ella, incluso la hospedaba en su casa”.   

En Chile su labor era prácticamente desconocida, debido a la censura y la campaña de desprestigio en su contra. A pesar de los dramáticos hechos en que se vio envuelta, los diarios de la época evitaban referirse a ella, aunque también acudían a términos irónicos y despectivos cuando era imposible ignorarla. No cabe duda de que tuvo gran ingerencia en el apoyo y la solidaridad de que gozó la resistencia chilena durante su larga lucha contra la dictadura. Sus visitas, no sólo intensificaban el trabajo de solidaridad de los exiliados, sino que también ponían en la agenda política, noticiosa y cultural del país anfitrión el tema del atropello de los Derechos Humanos en Chile. Fueron 17 años de trabajo, viajes por el mundo, encuentros políticos, discursos y entrevistas. Pero también de luto, no sólo por su esposo, sino también por su hija Beatriz, quien muriera en el exilio. A esto se suman las muertes de amigos y colaboradores, muchas veces en manos de los militares chilenos.  

Al medio día del 24 de septiembre de 1988, Hortensia Bussi pisó suelo chileno por primera vez después de 15 años. Ante una gran multitud y entre lágrimas leyó un saludo donde recordó a las víctimas de la dictadura, en especial a su hija y a su esposo, pero también anunció que participaría en la campaña del NO. 

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Su primera actividad pública fue  visitar a Clodomiro Almeyda, quien estaba detenido por retornar a su país natal.

Con la conquista de la democracia, regresa definitivamente a Chile y se avoca al trabajo por la memoria del ex presidente. Lleva acabo el funeral oficial de su marido, crea la Fundación Salvador Allende e inaugura el monumento en su memoria en la Plaza de la Constitución, entre otras múltiples actividades. 

La falta de información y el desinterés por Hortensia Bussi como personaje público y testigo de nuestra historia fue una constante durante la investigación. Por eso esperamos aportar a través de nuestro trabajo a acabar con esta injusticia que se mantiene hasta hoy.

Todavía se habla del bombardeo a Tomás Moro, como si ella no hubiera estado ahí, se habla del exilio como si ella no hubiera hecho parte de él y se escribe la historia como si ella no la hubiera vivido junto a nosotros. 

Daniel Vera

Periodista 

Published in: on 11 octubre 2007 at 1:04 am  Comments (3)  

Si el bombardeo a La Moneda fue una cobardía, ¿cómo se puede calificar el de Tomás Moro?

Leí un comentario en el Blog  de mi Abuela, de Manuel Céspedes y no pude evitar de compartir con ustedes experiencias dolorosas, que deben ser difundidas  – no con el fin de fomentar odio –   algo que desde siempre nos enseñó, no odiar a nadie, la idea es que las experiencias dolorosas se sepan para que nunca más se vuelvan a repetir.   

Una de ellas, fue en parte lo que vivió mi abuela  aquel 11 de septiembre, en el cual mi abuelo, aún creyendo que al menos parte de las FF. AA. y de Orden serían leales, no a él, sino a la democracia,  le aconseja a mi abuela que se quede en Tomás Moro, residencia oficial de los presidentes.   

Cuál sería la sorpresa cuando se escucharon, esto lo supe por varios por de los guardaespaldas que se quedaron con mi Abuela, cuando se comenzaron a escuchar los rugidos de aviones de la Fuerza Aérea que pasaban volando bajo en la zona donde se encuentra la residencia de Tomás Moro.    

La sorpresa mayor de los amigos del GAP (Grupo de Amigos del Presidente)  bautizo que paradójicamente  le dio la Derecha  a jóvenes que se ofrecieron voluntariamente a cuidar la vida de un presidente, que por cierto sí sufrió atentados.   

Y cerca de las  once la mañana sin previo aviso, comenzó el bombardeo a la casa donde estaban un puñado de integrantes del GAP y la Primera Dama,  quién me contó alguna vez que sintió  que se salvó por milagro.   

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Los mismos aviones que bombardearon La Moneda.

¿Era un peligro militar mi abuela sola en Tomás  Moro?  Claro que no.  Algunos podrán pensar que en aquella época se cometieron errores y desde luego que fue así, pero sobre todo horrores como el bombardeo a Tomás Moro.   

Era una casa muy agradable, esencialmente una Residencia donde compartíamos la familia, y también una lugar de trabajo y múltiples reuniones. Tengo gratos recuerdos de aquella casa, donde como niño jugaba entre medio de muchos adultos que a veces compartíamos momentos familiares y las más de las veces ocupados en reuniones, por lo tanto compartiendo con gente del servicio, los perros que allí estaban, o personal del GAP. 

Y por supuesto muchas con mi abuela, aunque también fue una Primera Dama muy ocupada.   

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Allí estamos gran parte de la familia, el más pequeño soy yo.

Por suerte ella salió ilesa de aquella situación vergonzosa, traumática, y con su acostumbrada entereza se sobrepuso a esos días tristes de nuestra historia.       

Nos encontramos dos días después en la Embajada de México, país que fue el primero en brindarnos asilo, que de hecho nos rescató de los diversos lugares donde tuvimos que  – la familia Allende –   refugiarnos, y ser rescatados gracias a la audacia de su embajador Gonzalo Martínez  Corbalá y su país luego nos dio, como a miles de chilenos exilio y la oportunidad de iniciar una vida nueva con una solidaridad permanente.

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 Ex embajador de México, Gonzalo Martínez Corbalá.

Hace algunos meses atrás reinauguramos el Escudo Nacional que estaba a la entrada de la Residencia de Tomás Moro.  Fue una acción conjunta entre Francisco Prat (nieto del general Prat), mi madre y el Comandante en Jefe de la FACH, yo lo veo como un paso en el reencuentro entre todos los chilenos y chilenas.   escudo-inaugurado-en-1972.jpg                           

 Mi abuelo, inaugurando el mural en 1972.      

  

Mi abuela me comentó que ese evento la tenía contenta, aunque ella no pudo asistir. 

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Mi madre, Isabel Allende, reinaugurando el mural.  

Terminado el acto  pudimos visitar Tomás Moro por dentro, y allí se me revolvieron los sentimientos y las sensaciones. 

Si bien era un momento de reencuentro con la historia, era con un sabor agridulce.  Dulce porqué  es un paso más de reencuentro cívico-militar.  Agrio porque viendo aquella casa, ahora con ojos de adulto lo que vi como niño, una residencia enorme, que ya no me pareció tal, me pareció inconcebible que alguna vez fue bombardeada  con mi abuela adentro.  Deberían los nuevos cadetes de las Fuerzas Armadas conocer este episodio para distinguir entre lo que realmente es valentía y cobardía.   

Por suerte, creo ser un buen alumno de mi Abuela y haber aprendido a no tener odio por lo que pasó, sí Justicia, pero no odio.    

Saludos      

Gonzalo

tenchadellande@gmail.com  

Published in: on 27 agosto 2007 at 8:22 pm  Comments (16)